Como una reforma del artículo 25 del Reglamento de Control Sanitario de Productos y Servicios, el Diario Oficial de la Federación (DOF) publicó en abril de 2014 el acuerdo por el que se emitieron los lineamientos que deben observar los productores de alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasadas para efectos de la información que deberán ostentar en el área frontal de exhibición, la cual entró en vigor en 2015.

Investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) han llevado a cabo una serie de estudios que comprueban que a dos años de implementarse esta reforma, el etiquetado frontal de alimentos en México no cumple con las características necesarias para ser comprensible para la población.

El doctor Simón Barquera Cervera, investigador y director del Centro de Investigación en Nutrición y Salud (Cinys) del INSP y miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), explicó en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt la importancia de que México cuente con un sistema de etiquetado útil y claro que permita a la población tomar decisiones más saludables al momento de comprar alimentos.

Un etiquetado nutrimental con deficiencias

El objetivo principal del etiquetado frontal en un país como México, con emergencia epidemiológica por diabetes y obesidad, es informar al consumidor de la forma más clara posible si el producto tiene niveles altos de azúcar, grasa o sal o si de forma general tiene muchas calorías comparado con otros alimentos similares.

El etiquetado frontal conocido como Guías Diarias de Alimentación (GDA) en el que se apoya el sistema actual mexicano que se promociona bajo la frase “Checa y elige”, se basa en una clasificación dentro del Sistema de Nutrimentos Específicos y está definida como la guía que indica la cantidad aproximada de calorías y el máximo de grasas, grasas saturadas, sodio y azúcares.

En México, el etiquetado frontal es considerado de alta prioridad desde la perspectiva de salud pública, pues podría permitir que poblaciones en riesgo o que padecen obesidad, enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes mellitus, hipertensión arterial y dislipidemias pudieran prevenir o controlar estas enfermedades.

A pesar de la premisa básica del sistema de etiquetado frontal mexicano GDA Checa y elige, diversos estudios que el INSP ha realizado en favor del tema y en atención de tratar el problema de obesidad seriamente en el país, determinaron que este no es comprendido de forma adecuada por la mayor parte de la población, lo que hace necesaria su modificación.

“Hemos hecho diversos estudios sobre el etiquetado de alimentos en México porque se sabe que si la gente supiera cuando un alimento tiene niveles muy altos de ingredientes nocivos como el azúcar, sal o grasa, tomaría mejores decisiones respecto a su salud; por ejemplo, consumiéndolos en menor proporción o reemplazándolos por otros más saludables”, explicó Simón Barquera.

Uno de los principales problemas del sistema GDA es que los puntos de corte utilizados para delimitar el consumo máximo de los nutrimentos que se declaran en porcentajes, fueron propuestos por la propia industria de alimentos dejando de lado los propuestos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por los criterios del comité de expertos mexicanos.

De acuerdo con el especialista, lo que se vio en ese entonces es que aun estudiantes avanzados de nutrición tenían problemas para interpretar correctamente y en un tiempo razonable la información de esa etiqueta, “eso nos llevó a pensar que ese etiquetado es un muy mal sistema para ayudar a la gente para que tome mejores decisiones”.

En la Encuesta Nacional de Nutrición de Medio Camino de 2016, se preguntó a la población encuestada si conocía, usaba y comprendía el etiquetado de alimentos (Checa y elige, GDA) y solo 17 por ciento de la población lo reconoció, lo que confirma las limitaciones de este sistema para ayudar a la población.

El etiquetado muestra porciones de tamaño arbitrarias que a veces no permiten al consumidor hacer comparación entre productos de la misma categoría, lo cual obliga a utilizar más tiempo del estimado para hacer una interpretación cuando se lee.

La alternativa, un nuevo sistema de etiquetado

“Desde la academia hemos tenido preocupación por este tema y consideramos que hay otros tipos de etiquetado que son mejores”, explicó el especialista.

Fue después de varios años de estudios en diversos países como Costa Rica, Guatemala, Argentina, Chile y México que se vio que el etiquetado frontal utilizado en México es de los que peor se comprenden a nivel internacional, e incluso puede resultar engañoso al hacer ver bien algunos productos que son considerados “chatarra”.

Simón Barquera mencionó que hay países que se han tomado muy en serio el problema del etiquetado, como Chile, donde se estableció un sistema de etiquetado frontal de alimentos basado en unos sellos de alerta en forma de octágonos con la leyenda “alto en azúcar”, “alto en grasa”, “alto en sal” y “alto en calorías”.

“El sistema de etiquetado chileno es el que ha causado gran admiración entre los expertos de salud pública en el mundo por su claridad, por lo fácil que es de comprender y los resultados preliminares en la toma de decisión de los consumidores”.

Con este sistema, cuando un producto es alto en algún ingrediente nocivo para la salud, tiene un octágono negro en la etiqueta que alerta al consumidor. Su facilidad de interpretación ha permitido que hasta niños desde edad preescolar lo puedan entender correctamente.

Los puntos de corte de estos nutrientes nocivos (lo que se conoce como perfil nutrimental) desarrollados en Chile y su sistema de etiquetado frontal de octágonos son considerados pioneros en el mundo por su simpleza y efectividad para orientar al consumidor. Estos criterios permiten la regulación de publicidad de alimentos y bebidas dirigidas a niños, venta de productos en escuelas y el etiquetado respecto a su información nutricional.

En aquel país removieron los personajes de los productos atendiendo a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, por lo que en alimentos como cereales de caja ya no existen muñecos, héroes deportivos o representantes de tendencia infantil que inciten a los niños a consumir productos altos en azúcar.

“Esto es lo que falta en México ya que aquí esta situación no está regulada, necesitamos un etiquetado que todo el mundo pueda interpretar, incluso los que no saben leer, algo que buscamos los investigadores; un sistema justo, no engañoso, que ayude a las familias a tomar mejores decisiones ”, mencionó el investigador.

¿Qué se necesita en el etiquetado para que se pueda entender correctamente?

De acuerdo con el especialista, alrededor de 10 por ciento de la población mexicana no sabe leer y un gran porcentaje no sabe realizar operaciones matemáticas como reglas de tres, esto impide calcular porcentajes, nutrientes y asuntos relacionados, algo necesario para interpretar el sistema mexicano de etiquetado frontal.

Es así como desde el punto de vista de salud pública, lo que necesita saber la gente es cuando un producto tiene demasiada azúcar, sal o grasa.

“Hay otros tipos de etiquetado que dicen altos en vitaminas, hierro, zinc, etcétera. Eso no se necesita en México en estos momentos, lo que se necesita es saber qué alimentos tienen ingredientes nocivos que contribuyen a la epidemia de la obesidad y la diabetes para consumir poco de ellos o casi nada”.

Otro elemento necesario es que el producto no tenga muchas etiquetas, pues algunas industrias de la comida chatarra tienden a saturar el empaque con información que suele confundir al consumidor, por lo que el especialista sugirió que haya un solo etiquetado que alerte de ingredientes nocivos.

El etiquetado tiene que ser comprensible, muy sencillo y tiene que estar basado en puntos de corte desarrollados por expertos y considerando las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud o criterios más estrictos.

La etiqueta posterior debería informar cuántos gramos del azúcar total es agregada, “en un jugo, por ejemplo, debe indicarse cuánta azúcar viene de manera natural y cuánta se le ha añadido”.

México tiene un consumo de 160 litros de refresco al año per cápita, cuando en China solo se consumen cuatro litros per cápita, “antes estábamos en el primer lugar de consumo, ya bajamos al cuarto lugar; sin embargo, ser el cuarto país más consumidor de refresco y no informar a la gente adecuadamente su contenido de azúcar y sus efectos nocivos en salud es manejar el tema con poca seriedad”.

Ante el panorama de alerta epidemiológica declarada por la Secretaría de Salud a causa de la obesidad y diabetes mellitus, así como enfermedades cardiovasculares, el investigador destacó que el principal causante de esta mortalidad es el alto consumo de azúcares y en segundo lugar el alto consumo de grasa y sal.

Finalmente, el especialista mencionó que es necesario que, a la par de estas iniciativas sobre etiquetado, exista una política a favor de una alimentación tradicional sana en la que se puede fomentar de manera educativa la promoción del consumo de alimentos no procesados.