María Eugenia Díaz Batres es bióloga e investigadora del Museo de Historia Natural. Durante más de 50 años se ha encargado de la curaduría y recolección de la Colección Nacional de Insectos Dr. Alfredo Barrera Marín que posee más de 55 mil especies, incluyendo algunos arácnidos y donaciones internacionales. La bióloga relató anécdotas de su trayectoria, además de las investigaciones, muestreos y estudios que le han conferido múltiples reconocimientos.

Oculta en el jardín del Museo de Historia Natural, más allá de los domos y bóvedas donde habitan especies antiguas y colosales, se encuentra la puerta que nos conduce al reino insectil de María Eugenia Díaz Batres.

El frío, la oscuridad y el aislamiento se perciben al cruzar el umbral que traslada a un mundo de seres minúsculos que requieren dichas condiciones para su correcta conservación.

Con impaciencia que denota la pasión por su profesión, María Eugenia comienza el recorrido por una habitación llena de gavetas que contienen más de 55 mil insectos perfectamente categorizados.

María Eugenia Díaz Batres, encargada desde hace más de 50 años de la Colección Nacional de Insectos Dr. Alfredo Barrera Marín, es egresada de la Escuela de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en la que estudió de 1965 a 1968.

“Estaba todavía en la escuela cuando un profesor me comentó que había una plaza en el Museo de Historia Natural, vine un sábado y el martes siguiente ya estaba laborando. Llegué con el conocimiento básico que dan los cursos pero es un mundo muy complejo el de los insectos. Llevé entomología, artrópodos y laboratorio, entonces no me fue difícil aprender a montar, catalogar, etiquetar los grupos, mantenerlos y participar en otras actividades que el museo requiere cuando se trata de artrópodos, es decir, insectos. Esto fue hace 50 años.”

 

Una función importante de la colección es que no solamente atiende a investigadores que se dedican a la entomología, sino también al público que tiene curiosidad por conocer las maravillas que contiene. Entre las actividades que más disfruta la bióloga están las visitas guiadas a grupos de estudiantes y la asesoría de investigaciones y tesis de estudiantes.

La aventura en la investigación de campo y los hallazgos en Chapultepec

“Cuando era niña y jugaba a las escondidillas, me metía abajo de los muebles y veía las cochinillas y las arañas caminar, no les tenía miedo pero me interesaban mucho y las observaba durante mucho tiempo”, contó María Eugenia.

Una carrera de 50 años necesariamente implica una vasta experiencia y conocimiento práctico. María Eugenia sonríe mientras recuerda las anécdotas más preciadas de su trayectoria. Aunque ha estudiado todas las variedades de artrópodos, tiene una especial fascinación y predilección por las mariposas.

Mientras recrea escenas de su pasado, María Eugenia observa el ejemplar de mariposa de madroño que guarda con especial cariño en una caja individual. Cinco años de su vida transcurrieron en un estudio que realizó en la Reserva de la Biósfera La Michilía, en Durango.

El propósito de esta serie de viajes fue el estudio de la Eucheira socialis, mariposa diurna, endémica de México, la cual basa su alimentación en las hojas de la planta de madroño, razón por la cual recibe su nombre común. María Eugenia es de las pocas investigadoras en el país que han dedicado estudios exhaustivos de esta especie, cuya hembra se caracteriza por poner aproximadamente 250 huevos en un Arbutus. La mariposa de madroño excreta una seda que cubre la hoja para crear un nido donde habitan las larvas. Salen de noche, se alimentan y vuelven a su nido para resguardarse de sus depredadores naturales.

“Esa salida a La Michilía durante cinco años fue maravillosa. El viaje consistía en llegar, comprar los alimentos, esperar a que me recogiera un guía y luego ir a terracería y emprender un camino de 24 horas. En la reserva no hay luz, llegar y encontrar ese sitio donde lo único que se escucha es el trinar de las aves y el aullido de los lobos, es espectacular. La única luz que alumbra es la de las estrellas. Me tocaron épocas con frío extremo en invierno, otras en las que llovía y otras con calor insoportable. Lo más emocionante era poner una trampa de luz y ver cómo se llena de una variedad enorme de organismos por las noches”.

Además de este largo estudio de campo, María Eugenia también realizó muestreos en varias localidades del Estado de México, Puebla, Chiapas, entre otras. En el escenario internacional, ha hecho estudios en Venezuela y Alemania; sin embargo, el estudio más exhaustivo, valioso y que además le ha otorgado numerosos reconocimientos, es la serie de muestreos que llevo a cabo en Chapultepec.

Como resultado de los muestreos, se registraron 89 especies de mariposas diurnas. La sorpresa que se llevó María Eugenia en los últimos dos muestreos fue que la población total de mariposas disminuyó con el tiempo y el asentamiento humano en los alrededores. En el segundo muestreo solo se encontraron 46, mientras que en el tercero tan solo 35 especies, de las 89 originales.

El producto de la investigación es un libro de 155 páginas en forma de guía visual que hizo junto con Jorge Llorente Bousquets. La publicación contiene investigación sobre Chapultepec, las mariposas en general, las especies que habitan en Chapultepec, su conservación y una guía visual que incluye datos taxonómicos, además de fotografías de ejemplares de macho y hembra tomadas torsal y dorsalmente por Alejandro Ibáñez de la Rosa.

Las técnicas personales se aprenden con la práctica

María Eugenia lleva 50 años de su vida aportando ejemplares para la colección Dr. Alfredo Barrera Marín o como ella dice “tiene el nombre del fundador pero en realidad es mi colección”.

En su larga trayectoria, aprendió a distinguir a primera vista las diferentes familias, grupos y especies de artrópodos que habitan en México. Cuando recolecta un insecto que ya forma parte de su colección, lo observa, lo fotografía y lo deja en libertad.

Los procedimientos más comunes que emplea para la compilación de insectos dependen de la hora del día. Para las búsquedas nocturnas, utiliza la trampa de luz, que es una manta con una lámpara en el interior que hay que limpiar cada dos horas. En el día suele utilizar una red aérea y, en varios de los muestreos que realizó, tuvo que cargar con una escalera para alcanzar los nidos en los árboles.

Para sacrificar a los insectos, la mayoría de coleccionistas o entomólogos utiliza un mecanismo a base de cianuro llamado “cámara letal”. María Eugenia utiliza en método menos agresivo y peligroso tanto para los insectos como para ella misma. Cuando colecta un insecto, lo pone dentro de un frasco con acetato de etilo. En el caso de las mariposas, las atrapa en la red y les agrega unas gotas de acetato de etilo en el torso, sustancia con la que sucumben inmediatamente y sin dolor.

“Normalmente en las colecciones se utilizan insecticidas pero yo no los utilizo porque son por lo general cancerígenos y la primera perjudicada sería yo. Recurrentemente hago una limpieza a fondo, saco las cajas y limpio los vidrios perfectamente. No propicio que se proliferen los derméstidos, que son los organismos que devoran a los insectos de la colección. Hay que estar al pendiente, vigilante para que no se los coman”.

Un trabajo apasionante

“A los bichos no se les puede abandonar, es una colección viva, tienes que estar permanentemente observándolos y cuidándolos. Siempre hay algo que hacer aquí, la cuestión taxonómica va cambiando, entonces hay que actualizar los datos regularmente”.

Para María Eugenia, las experiencias más gratificantes tienen que ver con convivir en el museo y ver a la gente sorprenderse con las exposiciones que realiza. Dentro de sus ocupaciones, estuvo a cargo de la sección educativa donde atendía a grupos y les daba visitas guiadas.

 

María Eugenia asegura que es interesante conocer los insectos por la importancia que tienen a nivel taxonómico, a qué orden pertenecen, cómo viven, sus ciclos de vida pero además, es necesario conocer la aplicación que se les puede dar. Por ejemplo, en la agricultura, hay que conocer qué especies de insecto son plaga para las plantas y así poderlos combatir.

El reconocimiento que merece medio siglo de vocación

En el estudio que desarrolló en Durango, junto con un grupo de investigación, descubrió una nueva especie de insectos que está en constante relación con las mariposas. Los especialistas decidieron dedicar el nombre de la nueva especie a una de las biólogas más importantes del país, la nombraron Eubira diazbatresi.

Otro merecido reconocimiento aconteció el 29 de agosto de 2012 cuando la Sala de Entomología del Museo de Historia Natural cambió su nombre por el de “Bióloga María Eugenia Díaz Batres”. En la primera sala del museo se puede admirar una exposición que contiene una gran parte de los ejemplares encontrados en los tres muestreos que se hicieron en Chapultepec. La curaduría, por supuesto, es de María Eugenia por lo que la calidad de los datos y la belleza en la disposición visual se reúnen para ser una de las salas más visitadas del museo.

María Eugenia es una mujer metódica y cuidadosa que ama su profesión. Su vocación es ejemplar y la calidad de la colección que ha formado durante los últimos 50 años es motivo de admiración. Una de sus grandes preocupaciones es el destino de la colección por lo que invita a estudiantes, entomólogos y biólogos a que se acerquen y continúen con la investigación y la aportación de nuevas especies para que este complejo universo sobreviva durante muchas generaciones más.

El Museo de Historia Natural se encuentra ubicado en: 2.a Sección del Bosque de Chapultepec, Circuito Correr es Salud s/n, Delegación Miguel Hidalgo,
C.P. 11800, México, D.F. Tel. 5515 0739 ext. 112 y113 correo eletrónico: difusionmhn.sma@gmail.com

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